
Carlos Fernández
Liria, profesor de filosofía, dice que el materialismo, de principio, consiste
en ese lugar que está afuera, en otra parte, del idealismo, y uno en
particular, el desarrollado por Hegel. La tesis es, a grandes rasgos, la
siguiente: la forma de todo está en el pensamiento, vaya, que es una
construcción del pensamiento. Pero aquí el materialismo es, además, histórico.
La formulación conceptual, si bien no es acuñada por Karl Marx, sí que tiene su
argumentario en la teoría del filósofo y economista alemán, y viene a decir
algo más o menos así: el materialismo histórico es la aplicación consecuente
del materialismo dialéctico, el cual da cuenta de las leyes del desarrollo de
la naturaleza y su relación con el hombre. Pero Perry Anderson (Londres,
1938) dice que es cosa más compleja, lo dice en “Tras las huellas del
materialismo histórico” (Siglo XXI, 2ª edición), asegura que se trata de un
cuerpo teórico producido por la razón y que su aplicación mantiene el cambio
controlado de la sociedad. Es decir, es teoría y es práctica. Este historiador
encuentra que la prominencia del materialismo histórico ha perdido espacios en
el debate intelectual y propone una hipótesis continental al respecto: el
marxismo francés, el de la Liberación, dominaba el terreno intelectual y
militante, sin embargo, encontró su principal adversario en un movimiento
filosófico llamado estructuralismo y, por si fuera poco, el olvido de sus
objetos de estudio y su privilegio se alcanzó con los posestructuralistas.