Después de la segunda guerra mundial la ansiedad se convirtió en la enfermedad mental que abarcaba todas las relaciones humanas. Incapacitaba a las personas para desempeñar adecuadamente sus oficios relacionados con la producción y reconstrucción física y simbólica de la forma social de Europa. Durante las dos décadas finales del siglo pasado se cocinó el escenario para la depresión y su paquete de alivio: los antidepresivos. Estas drogas viajaban en las guanteras de los carros de los obreros y empleados o, discretamente, en las gavetas de casi todas las mesas de noche de los Estados Unidos. La psiquiatría ya era de ultramar. Nuestro tiempo, éste, es el de la bipolaridad; también hay drogas para contrarrestarla y se anuncian por Facebook y algunas se consiguen sin prescripción médica.
