Se trata de una novela corta, o de un cuento largo. La historia aborda la prostitución infantil en el caribe colombiano y de cómo las autoridades coludidas, junto con el resto de la gente, soslayaban la dramática situación. “La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada” (Diana, 2015) fue escrita por el colombiano Gabriel García Márquez en 1972 y se publicó por primera vez en 1974. Eréndira vivía con su abuela, una noche decidió poner el candelabro en la mesa y se recostó en su cama, no tenía sueño, sin embargo, en ese momento comenzó su desgracia, justo cuando una manda de perros empujó el fuego contra las cortinas. La cándida niña tuvo que pagarle a la vieja desalmada el costo de su error, lo hizo entregando su infantil cuerpo a cuanto varón pudiera pagar.
domingo, 13 de febrero de 2022
jueves, 15 de julio de 2021
“Los hombres que dispersó la danza” de Andrés Henestrosa
Pare ser franco no sé qué decir de este libro. Ciertamente estoy muy interesado por una suerte de pensamiento en México y me he dado a la tarea de realizar una genealogía de largo aliento. De pronto llegué a las leyendas que intentaron darle forma ilustrada al pensamiento de los zapotecos contemporáneos ─una forma de pensar, como decimos a veces─, así que retomé viejas lecturas y me llevé las mismas sorpresas de entonces, de cuando estaba en el bachillerato y me tocó escribir un ensayo sobre algo extraño: “cómo se piensa en Juchitán” me pregunté y respondí en cinco o seis páginas como mejor se me ocurrió ─mi padre me ayudó mucho en aquella ocasión─.
martes, 6 de julio de 2021
“Vinnigulassa (cuentos de Juchitán)” de Gabriel López Chiñas
En las cosas que yo cuento sobre la provincia (Juchitán, Oaxaca) siempre aparece un bosque embrujado. Me dicen, los que se niegan a esta posibilidad, de que en la provincia no hay bosques, y yo, necio con mi ficción, sugiero que alguna vez existieron. Gabriel López Chiñas (Juchitán, 1911-1983), quien fuera poeta y narrador, me da la razón de ese lugar misterioso donde un audaz conejo hizo de las suyas contra otros animales y hasta con cazadores y paseantes entre niebla densa y árboles que, si uno escucha atento, dicen cosas.
