domingo, 4 de enero de 2026

"La importancia de leer y el proceso de liberación" de Paulo Freire

El primer libro que voy a registrar en este 2026 es La importancia de leer y el proceso de liberación (1982), del filósofo y pedagogo brasileño Paulo Freire (1921–1997). Se trata de un conjunto de ensayos crítico-pedagógicos en los que el autor confirma que leer es un acto político, histórico y, en consecuencia, ético. El libro reúne reflexiones, ensayos y ponencias que Freire ofreció en distintos momentos, y quizá sea justamente la naturaleza de estos textos lo que le permite escribir con la soltura de quien desea ser leído, pero, sobre todo, comprendido para ser creído.



Freire parte de la idea de que el texto tiene la tarea técnica de mediar entre el educador y el educando; por ello, es fundamental aquello que se ofrece como lectura y el tratamiento que se hace de ella frente a quien la ha leído. Dice, respecto al complejo acto de leer: “La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra, de ahí que la posterior lectura de ésta no pueda prescindir de la continuidad de la lectura de aquél” (Freire, 2024, p. 79).

Dicho esto, Freire pone sobre la mesa lo concreto antes que la idea. A la idea se llega, pero no es el punto de partida. En este sentido, para el autor la realidad —por más ingenua que sea— constituye el referente principal de quien después querrá leer lo que se ha dicho de ella. Toda reflexión, nos dice el brasileño, adquiere un sentido pleno cuando remite a la materialidad del mundo que nos ha tocado vivir. Y esto resulta especialmente significativo si consideramos que toda reflexión aspira, en última instancia, a una acción de transformación que, a su vez, producirá una nueva reflexión.

Así las cosas, el texto se convierte en un dispositivo para estudiar el mundo. Por ello, Freire advierte que el educador es responsable del material de lectura que elige para sus educandos, pues será su desafío y a esta tarea dedicará varias horas de su vida, a veces muchos años. Esta responsabilidad coloca al lector en una actitud crítica, ya que del mismo modo en que se lee un libro se aprende a leer el mundo. Así lo expresa Freire en una de las conferencias recogidas en este libro:

“La actitud crítica en el estudio es la misma que es preciso adoptar frente al mundo, la realidad, la existencia. Una actitud de adentramiento con la cual se va alcanzando la razón de ser de los hechos cada vez más lucidamente” (Freire, 2024, p. 41).

Entiendo que Freire concede una relevancia central al acto de leer. Esto, nos dice, ocurre en las escuelas, pero también en las casas, en los barrios, en los espacios donde los niños comienzan a entrar en contacto con su mundo. Estos espacios físicos —en su dimensión concreta— adquieren una carga simbólica gracias a la historia, pues conservan recuerdos y anécdotas, y los niños regresan a ellos para confirmar que pertenecen a un lugar. Después viene la lectura: el montaje escrito de eso real y simbólico. El modo en que leemos será, entonces, el modo en que nos conectemos con esa primera lectura del mundo.

Llegado a este punto, Freire advierte que la lectura crítica asume una posición —corre un riesgo— y, al hacerlo, se vuelve política. Esta posición política define el material que se leerá, el análisis que se hará de él y los objetivos educativos del ejercicio propiamente dicho. No se puede, sostiene, estar atento al proceso educativo sin identificar la cuestión del poder que se juega entre los actores directos que participan en él.

Comencé señalando que, para Freire, leer es un acto político, histórico y ético. Desde esta perspectiva, negar la condición política de la lectura implicada en la educación equivale a pretender ejercer el poder desde una posición conveniente: la de la pasividad del educando y, también, del educador. Si el objetivo es la transformación —aquí se hace visible su dimensión histórica—, Freire reconoce que es la condición política de la educación la que ofrece evidencias de las transformaciones que ésta produce en la vida de las personas. La condición ética, por su parte, consiste en comprender que ser es estar: la vida es una toma constante de decisiones que define si se experimenta la libertad para pensar o la dependencia de un poder perverso al que nada se le cuestiona.

Quiero decir que este libro me lo ha regalado mi hermano, que es experto en educación, además de ejercer el oficio de maestro en educación básica. Así que recomiendo pasearse por las páginas de La importancia de leer y el proceso de liberación, subrayarlo, hacer anotaciones, compartir las reflexiones y repetir el ejercicio. Paralelamente estará la vida, esa dimensión material de las ideas; y, sin duda, Freire transita de un ámbito al otro mostrando que ambos son inseparables.

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