El primer
libro que voy a registrar en este 2026 es La importancia de leer y el
proceso de liberación (1982), del filósofo y pedagogo brasileño Paulo
Freire (1921–1997). Se trata de un conjunto de ensayos crítico-pedagógicos en
los que el autor confirma que leer es un acto político, histórico y, en
consecuencia, ético. El libro reúne reflexiones, ensayos y ponencias que Freire
ofreció en distintos momentos, y quizá sea justamente la naturaleza de estos
textos lo que le permite escribir con la soltura de quien desea ser leído,
pero, sobre todo, comprendido para ser creído.
Freire parte
de la idea de que el texto tiene la tarea técnica de mediar entre el educador y
el educando; por ello, es fundamental aquello que se ofrece como lectura y el
tratamiento que se hace de ella frente a quien la ha leído. Dice, respecto al
complejo acto de leer: “La lectura del mundo precede a la lectura de la
palabra, de ahí que la posterior lectura de ésta no pueda prescindir de la
continuidad de la lectura de aquél” (Freire, 2024, p. 79).
Dicho esto,
Freire pone sobre la mesa lo concreto antes que la idea. A la idea se llega,
pero no es el punto de partida. En este sentido, para el autor la realidad —por
más ingenua que sea— constituye el referente principal de quien después querrá
leer lo que se ha dicho de ella. Toda reflexión, nos dice el brasileño,
adquiere un sentido pleno cuando remite a la materialidad del mundo que nos ha
tocado vivir. Y esto resulta especialmente significativo si consideramos que
toda reflexión aspira, en última instancia, a una acción de transformación que,
a su vez, producirá una nueva reflexión.
Así las
cosas, el texto se convierte en un dispositivo para estudiar el mundo. Por
ello, Freire advierte que el educador es responsable del material de lectura
que elige para sus educandos, pues será su desafío y a esta tarea dedicará
varias horas de su vida, a veces muchos años. Esta responsabilidad coloca al
lector en una actitud crítica, ya que del mismo modo en que se lee un libro se
aprende a leer el mundo. Así lo expresa Freire en una de las conferencias
recogidas en este libro:
“La actitud crítica en el estudio es la misma que es preciso adoptar frente al mundo, la realidad, la existencia. Una actitud de adentramiento con la cual se va alcanzando la razón de ser de los hechos cada vez más lucidamente” (Freire, 2024, p. 41).
Entiendo que
Freire concede una relevancia central al acto de leer. Esto, nos dice, ocurre
en las escuelas, pero también en las casas, en los barrios, en los espacios
donde los niños comienzan a entrar en contacto con su mundo. Estos espacios
físicos —en su dimensión concreta— adquieren una carga simbólica gracias a la
historia, pues conservan recuerdos y anécdotas, y los niños regresan a ellos
para confirmar que pertenecen a un lugar. Después viene la lectura: el montaje
escrito de eso real y simbólico. El modo en que leemos será, entonces, el modo
en que nos conectemos con esa primera lectura del mundo.
Llegado a
este punto, Freire advierte que la lectura crítica asume una posición —corre un
riesgo— y, al hacerlo, se vuelve política. Esta posición política define el
material que se leerá, el análisis que se hará de él y los objetivos educativos
del ejercicio propiamente dicho. No se puede, sostiene, estar atento al proceso
educativo sin identificar la cuestión del poder que se juega entre los actores
directos que participan en él.
Comencé señalando
que, para Freire, leer es un acto político, histórico y ético. Desde esta
perspectiva, negar la condición política de la lectura implicada en la
educación equivale a pretender ejercer el poder desde una posición conveniente:
la de la pasividad del educando y, también, del educador. Si el objetivo es la
transformación —aquí se hace visible su dimensión histórica—, Freire reconoce
que es la condición política de la educación la que ofrece evidencias de las
transformaciones que ésta produce en la vida de las personas. La condición
ética, por su parte, consiste en comprender que ser es estar: la vida es una
toma constante de decisiones que define si se experimenta la libertad para
pensar o la dependencia de un poder perverso al que nada se le cuestiona.
Quiero decir que este libro me lo ha regalado mi hermano, que es experto en educación, además de ejercer el oficio de maestro en educación básica. Así que recomiendo pasearse por las páginas de La importancia de leer y el proceso de liberación, subrayarlo, hacer anotaciones, compartir las reflexiones y repetir el ejercicio. Paralelamente estará la vida, esa dimensión material de las ideas; y, sin duda, Freire transita de un ámbito al otro mostrando que ambos son inseparables.

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